Torá desde Jerusalem
Parashá Lej Lejá - Ve para tí
Libro Bereshit / Génesis (12:1 a 17:27)

“Vete de tu tierra, de tu nacimiento,...” (Génesis 12:1).

“Vete de tu tierra, de tu nacimiento, y de la casa de tu padre a la tierra que Te mostraré”.  Este es el primer mensaje que recibe Abraham de boca del Creador a lo que tenemos que preguntarnos el por qué de la redundancia de tu tierra, tu nacimiento y de la casa de tu padre, acaso ¿no incluye esta última a las anteriores?

No parecería fuera de lugar en el siglo XXI donde el mundo se ha convertido en un gran pueblo o mejor expresado “la globalización”, donde el cambio de lugar es solamente causa de la necesidad, ¿qué importancia pueden tener las palabras de esta parashá?

La Torá nos recalca: tierra, nacimiento y casa paterna como los tres factores más influyentes en la vida humana: lugar, ambiente y familia.

Tras la orden y el cambio, Lot, sobrino y acompañante de Abraham, no conciente sobre la influencia e importancia de la convivencia, decide por necesidades económicas, que como la tierra de Kenaán no es suficiente para albergar el ganado de los dos, la tierra de Sedom es rica en pasto e irrigación.  Por lo visto Lot no ve o no quiere ver los peligros de la vecindad, así como también vemos que Abraham se siente obligado a no ser exacto en sus palabras y pedir a Sará que no diga toda la verdad cuando le pregunten sobre su parentesco y diga solamente que es hermana de Abraham, que aunque siendo verdad no es completa.  Comentan nuestros Sabios respecto a la crítica que hace el rey de Egipto a Abraham sobre el porqué de su mentira, a lo que le respondió Abraham que se vio forzado a hacerlo pues vio en los ministros del rey la falta de corrección cuando le preguntaron sobre Sará y no le preguntaron sobre sus necesidades, si necesitaba comer o beber.  Abraham de inmediato observó que el pueblo egipcio de su tiempo tenía conceptos errados de base, por lo que le dijo a Sará: Y será cuando te vean los egipcios y digan “es su esposa”, me matarán…  Di que eres mi hermana… 

La vida no tiene valor a sus ojos, el adulterio está considerado peor que el asesinato, cuando los conceptos están equivocados y la verdad no tiene lugar dentro del error.

Lot no solamente que no sabe valorar el bien que simboliza Abraham sino que por sus necesidades elige vivir con un pueblo que creó el concepto del egoísmo “Midat Sedom”.  Los sedomitas no podían aceptar el concepto de ayuda o bondad hacia el prójimo y es por eso que cuando los ángeles vienen a visitar a Lot, el pueblo entero desde los infantes hasta los ancianos, exigen que les dé a quienes vinieron a hospedarse en su casa.

¿Cómo pudo olvidarse Lot de la bondad y hospedaje de Abraham?  ¿Cómo pudo vivir en un pueblo que en su constitución y como ley básica, está prohibido ayudar o permitir que alguien disfrute de sus bienes?  ¿Cómo olvidó Lot la ley de vida de la casa de Abraham “Olam Jésed Yibané”.  ¡El mundo se construyó por la bondad!.  La respuesta es muy sencilla: Lot quería hacer carrera, tener éxito!.  No se preocupó por la educación de sus hijos ni por la suya propia, no se preguntó sobre el por qué del mandato Divino: “Vete de tu tierra….y ve a la tierra que Te mostraré!.  La globalización, el gran pueblecito de la economía abierta, las facilidades de cambios, hacen más necesaria la obligación de recapacitar antes que cambiar y saber sobre la obligación: “...a la tierra que Te mostraré”.

Tras el mensaje de la importancia de la convivencia, Abraham es obligado al primer precepto para él y su descendencia, el Brit Milá: “Y a Abraham de noventa y nueve años, se le apareció el Eterno y le dijo: Y tú Mi pacto guardarás… circuncidareis todo varón…  Dijeron nuestros Sabios: Todo precepto que fue recibido por el pueblo de Israel con alegría será cumplido con alegría por generaciones.  ¡Ese es el precepto del Brit Milá!.  Es inconcebible como tras miles de años de historia, cambios extremos de culturas, el pueblo judío en su absoluta mayoría sigue cumpliendo con alegría el mas difícil y exigente de sus mandamientos.

Nuestra historia no es una historia de letras o relatos; nuestra historia es una historia de hechos.  El pueblo judío se ha definido por su tenacidad y entrega en contra de toda lógica “Am keshe Oref” (pueblo duro de doblegar).  Pueblo que antes de que sepa pronunciar su primera palabra lleva grabado en su carne su compromiso “...Y será Mi pacto en vuestra carne, por pacto de siempre”.


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