Torá desde Jerusalem
Parashá Shemot - Nombres
Libro Shemot / Éxodo (1:1 a 6:1)

Tercer comentario sobre la Parashá

“Y estos son los nombres...” (Shemot 1:1)

“Y estos son los nombres de los hijos de Israel...”, con estas palabras comienza el segundo libro de la Torá, recalcando la importancia de los nombres, pues podría haber dicho estos son los hijos de Israel: Yehudá, Shimón..., sino que pone énfasis en la característica de los nombres, a lo que se pregunta Rashi el por qué de la repetición de los nombres ya que fueron especificados anteriormente en el libro de Bereshit. El propio Rashi responde: para demostrarnos la preocupación de Hashem por sus criaturas, que como buen pastor comprueba su rebaño tras cada secuencia, y no solamente que se preocupa por la existencia de los mismos, sino por el estado de cada uno y uno dentro de sus características.

Nos indica Rashi que la Torá especificó: “Y Yosef se encontraba en Egipto...”, y la Torá lo incluyó dentro de los setenta miembros de la familia de Yaacob, para enseñarnos el hecho de que aunque Yosef vivió catorce años sólo en Egipto, no cambió de ser: el mismo Yosef que conoció Yaacob antes de ser vendido por sus hermanos. Era el mismo Yosef, catorce años después cuando se dio a conocer a ellos.

La condición del Pueblo de Israel nos la señala la Torá en el párrafo: “Vecahasher Yaanu oto ken Yirbé vehén Yifrosh” (conforme lo afligían, así se incrementaba y se fortalecía). A lo largo de nuestra historia, hemos comprobado esa realidad del Pueblo, que en contra de toda la lógica, cuanto más es perseguido y odiado, el Pueblo se refuerza, así como todas sus grandes desgracias y hecatombes, sobrevinieron tras una época de florecimiento y bienestar en la que llegaron a olvidar la razón de su existencia, y quisieron asimilarse al mundo que los rodeaba.  La inquisición y el genocidio, como ejemplos de nuestra realidad, comenzaron donde el judío se sentía identificado en el ámbito que los rodeaba.

Yosef Hatzadik tras doce años de su vida transcurridos en prisión, tras haber vivido como mayordomo de Potifar, dos años de virrey de Egipto, ni las vestimentas, ni las costumbres de la corte, ni la miseria de la prisión, lo hicieron cambiar.Es el mismo Yosef, externamente vestido de egipcio, internamente viviendo la discusión y el estudio con su padre Yaacob, y aún recuerda el tema con el que se separaron.

“Y temieron las parteras de Hashem y no hicieron como les indicó el rey de Egipto e hicieron vivir a los niños”. Y temieron... la expresión temer en hebreo tiene la misma raíz que ver, pues temer, a diferencia de tener miedo, es ver la verdad y las parteras no tuvieron miedo del castigo sino vieron lo que podían ocasionar con su comportamiento: la salvación de todo el Pueblo de Israel, y al nivel del valor de los hechos la recompensa: “Y por lo que temieron las parteras de Hashem Les hizo casas” a lo que comenta Rashi, casas de reyes y sacerdotes, levitas de Yojevet y reyes de Miriam.

No queda duda de que la bendición de Hashem no deja esperar y el buen comportamiento y la mejor bendición que podamos recibir, como nos dijo la Torá en la parashá Ree en la que nos anuncia Hashem y nos dice: “Observa que pongo hoy delante tuyo bendición y ... La berajá que escuchen a las obligaciones que Hashem...”. La bendición verdadera es escuchar la voz del Todopoderoso, de igual manera que la verdadera recompensa que puede recibir un hijo por escuchar los buenos consejos de su padre, es en verdad el consejo en sí mismo, la buena educación, el buen comportamiento..., mucho más de lo que el padre físicamente le puede recompensar. En nuestra pobre mentalidad en la que sólo alcanzamos ver lo material, a veces nos quedamos con la triste sensación de sordos en el espacio, pero todo lo contrario es la realidad, no existe el menor de los hechos por insignificativo que parezca que no se “grabe”. Como dijo el Talmud: Hasta la conversación mas insignificativa verán las paredes de su casa y atestiguaran sobre ella. Sobre el valor e importancia de nuestros hechos o movimientos podremos darnos cuenta el “cómo” un simple movimiento de los labios a veces es percibido como una duda de lo que se trata y el resultado de ese pequeño movimiento quien sabe hasta dónde puede llegar.

El universo con toda su complejidad y grandeza fue creado para nosotros, y en nosotros se encuentra su continuidad y comportamiento. Qué responsabilidad la que nos encomendó el Creador, acaso ¿somos capaces de afrontar una responsabilidad como esa? En verdad tendríamos que aceptar la verdad negativa, pero debemos reconocer que nuestra capacitad es solo un incentivo y es Él el que lo realiza, como dijo el Talmud: No hay quien mueva ni un solo dedo si no es por la ayuda del Creador. “El hombre propone y Hashem dispone”.

Nuestra obligación se encuentra en el esfuerzo: “Le fum Zahará Agrá” según el esfuerzo el valor, el intento, el deseo, nuestro objetivo. La realidad y la consecuencia no se encuentran en nuestras posibilidades. Hay que tener méritos hasta para poder realizar los buenos hechos: “Arvé Shelijim LaMakom”, muchos mensajeros tiene el Creador.

Quiera el Todopoderoso que seamos elegidos para buenas obras y nunca participemos en la realización de hechos negativos.

Shabat Shalom

Rab. Shlomó Wahnón


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