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Costumbres y Orden del Shabat


Al describir las costumbres especiales del Shabat es importante entender que se trata de una vivencia integral personal y familiar.  Cada acto en esta jornada tiene relación con el espíritu del día.

Se acostumbra honrar el Shabat, luciendo vestimentas agradables. La casa debe estar perfectamente limpia, o por lo menos bien ordenada.  Los preparativos en el hogar no deben ser menos elegantes, al igual que la familia haría para recibir a un huésped distinguido y apreciado.

Al comenzar el atardecer del día viernes, víspera del Shabat (“erev Shabat”) nos preparamos para recibir a la “ilustre visita semanal”.  Limpiamos y acomodamos la casa, y ordenamos la mesa familiar con las velas, panes (“jalot”) y vino.

Antes de la caída del sol, las mujeres reciben el Shabat con el tradicional encendido de las velas (“hadlakat nerot”).  Se encienden por lo menos dos velas en recuerdo de los dos principales preceptos relacionados al Shabat: “cuidarás” y “recordarás” (“shamor ve‑zajor”).  Ciertas personas mantienen la costumbre de encender una vela por cada uno de los componentes familiares, o por cada persona presente en tal atardecer, de modo que cada uno es representado por una llama que brilla intensamente a través de la noche.

Entrada la noche, al regresar de la sinagoga donde recibimos el Shabat (Kabalat Shabat), la familia toda se reúne alrededor de la mesa festiva.  La mesa luce mantel blanco o festivo, y es decorada con flores frescas, y la comida que se prefiera.  La mesa de la cena debe estar preparada y servida con anticipación y deben utilizarse la mejor vajilla y cubiertos.

Según la tradición judía dos ángeles acompañan al individuo en la víspera del Shabat desde la sinagoga a su casa: Uno bueno y otro malo.  Cuando entra en su hogar, encuentra las velas encendidas y la mesa preparada y la cama tendida.  Entonces, el ángel bueno dice: "Que sea la voluntad, y que de esta manera sea también el próximo Shabat, entonces el ángel malo debe responder "amen".  Por el contrario, si el hogar no se encontrara ordenado, el ángel malo dice: "Que sea la voluntad, que el Shabat venidero sea así", y el ángel bueno responde "amen".  A continuación, se entona el hermoso poema "Shalom Aleijem" (La paz esté con ustedes), a modo de bienvenida a los Ángeles de Shabat al hogar. 

El Shabat es la fuente de las bendiciones para toda la semana; así como cuidemos el Shabat, seremos recompensados todos los días de la semana.

Luego se recita el hermoso himno, Eshet Jail (una mujer virtuosa).  Este cántico alfabético (cada verso comienza con una letra del alfabeto hebreo) es la finalización del Libro de Proverbios compuesto por el Rey Shlomó.

El padre recita el “Kidush” bendiciendo sobre una copa de vino o de jugo de uva.  El fruto de la vid simboliza la abundancia y la alegría.  La primer parte del kidush recuerda los seis días de la Creación que culminaron en el séptimo día de descanso para el Creador y toda la Creación.  A continuación se describe el éxodo de Egipto y la importancia de un día de descanso como expresión de nuestra verdadera libertad.

Se acostumbra bendecir a los hijos con una bendición especial.  Algunos lo hacen en vísperas del Shabat antes que el padre se dirija a la sinagoga, otros cuando vuelve, luego del kidush.  El padre pone sus manos sobre la cabeza de cada uno de ellos, bendiciendo a los varones con las palabras que Yaacob dirigió a los hijos de su querido hijo Yosef, mientras que a las muchachas las bendice con los nombres de las cuatro matriarcas.

Luego se continúa con el lavado de manos (“netilat iadaim”), antes de bendecir las jalot.  Estas jalot, de distintas formas y gustos, son dos panes enteros que nos recuerdan el “maná” con que Di-s alimentó al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto al salir de Egipto hacia la Tierra Prometida. 

Una de las causas por las que se colocan dos panes-llamados lejem mishné, "pan doble", es para recordarnos la doble porción de maná que cayó el viernes, también para Shabat.  Por ese mismo motivo las jalot se cubren, porque el maná cayó sobre una capa de rocío para que se mantuviera fresco.  Otra razón es para no avergonzarlas cuando se recita el kidush sobre el vino (ya que la bendición por el pan, debido a la importancia de este debería pronunciarse antes que el vino).

Luego, comienza a degustarse el banquete festivo, amenizando con melodías y canciones especiales (zemirot).  Asimismo se incluyen versos con sentimientos, que expresan palabras de alabanza al Shabat acompañadas con palabras de Torá y en especial lo referente a la parte que se lee durante ese Shabat.

A medida que las velas se apagan y el cansancio de la semana desciende, se pronuncia la bendición de la mesa o "Birkat Hamazón".

La mañana del Shabat nos ofrece la vivencia del Beit Kneset (sinagoga) cuyo elemento central es la lectura semanal del Pentateuco (“Parashat Hashavua”) con su respectivo párrafo de los Profetas (“Haftará”). 

En la Torá aparece tres veces la palabra "hoy", luego de la palabra "comedlo".  De aquí se deducen las tres comidas del Shabat: una en la noche del Shabat y dos durante el día del Shabat.  "La tercer comida" (seudá shlishí) se acostumbra a comer luego del mediodía antes de la puesta del sol.

Al concluir el Shabat, luego del rezo de Arvit, lo despedimos con un acto especial "Havdalá" bendiciendo también sobre vino, agregando bendiciones sobre especies y sobre el fuego de una vela especial. Así, por medio de la Havdalá, establecemos una distinción entre lo sagrado y lo profano.

La luz de las velas que iluminan la mesa familiar, el gusto del vino y demás manjares que nos reconfortan y endulzan, los cánticos que entonamos, nos brindan el marco perfecto para compartir y recrear, semana a semana, la sensación de vivir en libertad espiritual aún en una época de esclavitud a los valores materiales a los que todos, en mayor o menor forma, estamos sometidos.